El kit individual de primeros auxilios (IFAK, por sus siglas en inglés) ha pasado de ser un elemento exclusivo de los miembros de las Fuerzas Armadas a convertirse en un fenómeno de masas en el mundo táctico y del outdoor. Hoy en día, es común ver estos botiquines en chalecos, cinturones y mochilas de militares y policías, pero también de jugadores de airsoft, cazadores, aficionados a la militaría y practicantes de actividades al aire libre. Esta popularización ha generado una tendencia hacia el diseño y consumo de equipos cada vez más pequeños y estéticos. Sin embargo, priorizar la moda del minimalismo sobre la funcionalidad real en el terreno puede tener consecuencias fatales, por no hablar de la escasa utilidad de algunos dispositivos sanitarios para heridas de bala o de explosiones ante las potenciales heridas sufridas durante una caminata de senderismo por caminos y pistas.
Los protocolos de sanidad de combate (TCCC) y de sanidad táctica (TECC) determinan las actuaciones más importantes para salvarle la vida a heridos en entornos de agresión intencionada. Las directrices científicas de ambos procedimientos guían el tratamiento de las principales causas de muerte evitable en el campo de batalla y, por extensión, en el entorno táctico. La aplicación estricta de dichas directrices define una serie de elementos imprescindibles que todo IFAK debe contener, con el fin de poder realizar todas las técnicas sanitarias necesarias de forma eficaz (para conocer estos elementos se puede consultar el apartado de Materiales en esta misma web).
Sin embargo, existen situaciones extremas donde no es posible portar un IFAK completo debido a una falta crítica de espacio. Son ejemplos de estos escenarios, que deben considerarse siempre una excepción, los siguientes:
- Cinturones de primera línea de equipamiento en fuerzas especiales, los cuales deben portar multitud de elementos como pistolera, cargadores de arma larga, cargadores de arma corta, medio de comunicación, kit de evasión y escape (E&E), bolsillo con agua en entornos cálidos y con material de abrigo en entornos fríos, etc.
- Misiones o servicios de incógnito de muy bajo perfil, donde la ocultación de elementos operativos es vital para no ser identificado y, por tanto, descubierta la operación en curso.
- Operaciones militares o policiales en entornos adversos que requieren equipamiento especial muy voluminoso, como pueden ser los materiales de buceo o los de paracaidismo desde alta cota (HALO/HAHO).

En estos casos tan específicos, el personal que se ve obligado a reducir su IFAK no lo hace a la ligera, pues para ello realizan una formación y un entrenamiento adicional de manera profunda y frecuente, con el objetivo de disponer formación teórico-práctica sobredimensionada que les permita alcanzar en esta materia el nivel de maestría. Sólo de este modo, pueden ser eficaces e improvisar con éxito incluso ante la ausencia de algunos dispositivos estándar del IFAK o con la reducción drástica de tamaño de otros.
Renunciar a ciertos elementos del IFAK, o usar la versión más pequeña de algunos de ellos, obliga inevitablemente a romper las normas estrictas del TCCC y del TECC. Al no contar con el material ideal para cada paso del protocolo, el usuario debe improvisar para adaptarse a sus recursos disponibles. Algunos ejemplos de esta gestión de alto nivel incluyen:
- Usar una valiosa gasa hemostática en hemorragias no masivas debido a la falta de un apósito convencional en la venda disponible en el IFAK, o aplicarla en una hemorragia masiva en extremidad por no disponer de un torniquete comercial como dispositivo ideal para esa herida.
- Utilizar una venda israelí T3 modular, cuyo uso es mucho más complejo, en lugar de las vendas simples de 6 pulgadas, unos 15cm.
- Aplicar vueltas de precinto adhesivo, sobre la tela de una manga arrancada, para controlar una hemorragia en unión de miembros ante la imposibilidad de hacer un vendaje completo en estas amplias zonas por ausencia de una venda de emergencia del largo mínimo necesario.
Elegir formatos ultra-compactos de IFAK por pura moda o estética es un error crítico que pone en peligro la propia vida y la de los demás en caso de que se produzcan heridas de riesgo vital. Portar sistemas minimalistas como el Blue Force Gear Micro Trauma Kit Now! o el North American Rescue EDC Wallet Kit exige maestría en los protocolos y sus técnicas como requisito ineludible. Si no se dispone de un dominio absoluto del TCCC y del TECC para saber cómo y cuándo romper sus normas, reducir los materiales sanitarios es una total imprudencia. Si con el material de un IFAK estándar no es fácil ser eficaz y eficiente cuando no se es profesional sanitario, con un IFAK ultra-compacto el objetivo se torna mucho más difícil, haciendo que incluso el personal formado para esta contingencia recurra a estos formatos mínimos en tamaño cuando no les queda más remedio, eligiendo llevar un IFAK completo estándar siempre que pueden.
En conclusión, el IFAK ideal que se debe portar de manera generalizada debe ser de tamaño compacto para optimizar el espacio donde se coloca, pero casi nunca de tamaño ultra-compacto o de los denominados de línea 0 para uso encubierto. El uso de kits minimalistas debe quedar estrictamente reservado para casos muy justificados operacionalmente y quien decida asumir ese recorte de material está obligado a realizar una formación adicional y continuada. Solo así se puede mitigar y asumir el enorme riesgo que supone operar con un IFAK mermado en su contenido.
P.G.
Fotografía: Every Day Carry Wallet Kit | North American Rescue