Desde la implantación generalizada del torniquete como medida de primera línea contra la hemorragia masiva en extremidades, su utilidad ha quedado fuera de toda duda debido, por un lado a la casuística generada en los conflictos de Irak y Afganistán que permitieron llevar a cabo gran cantidad de estudios y artículos científicos que acreditaban su efectividad en el control de hemorragias y, por otro, a la baja incidencia de efectos adversos relacionados con su utilización. Estos efectos adversos estaban directamente relacionados con su aplicación durante periodos prolongados de tiempo, superiores a 2 horas, o con su mal uso sin llegar a ocluir totalmente el flujo sanguíneo del miembro afectado.

En los últimos años, el empeño de los formadores y responsables sanitarios de las distintas fuerzas armadas internacionales ha estado encaminado a conseguir que todo soldado tuviese, como parte de su equipo personal, al menos un torniquete homologado y supiera colocarlo con destreza sobre sí mismo o sobre sus compañeros. Pero hoy en día, una vez que empieza a alcanzarse ese objetivo y que disponemos de datos de la guerra de Ucrania con sus nuevas características, muy distintas a las de los conflictos vividos en la primera década de los años 2000, se hace necesario revisar los procedimientos relacionados con el torniquete. Para ello, las nuevas tendencias se centran en dos aspectos fundamentales: colocar torniquetes sólo cuando sea necesario, es decir, en hemorragias realmente masivas que pongan en riesgo la vida del herido de forma inmediata, y sustituir lo antes posible el torniquete por una gasa hemostática, en caso de no tener acceso a un hospital de campaña con cirugía, para liberar de la isquemia al miembro afectado.
Para el primer aspecto mencionado es imprescindible reconocer las hemorragias de grado masivo sin lugar a dudas, lo cual se consigue mediante el aprendizaje de dos indicadores evidentes si hay buenas condiciones de visibilidad: charco de sangre bajo el herido y/o ropa empapada en sangre en el miembro afectado. Estos indicadores no deben confundirse con algo de sangre en el suelo o con ropa simplemente manchada de sangre, pues de hacerlo se estaría aplicando un torniquete en una hemorragia de grado moderado asumiendo los posibles efectos secundarios del dispositivo para un sangrado que no amenaza la vida de manera inminente.
Respecto al segundo aspecto, la sustitución del torniquete por una gasa hemostática aplicada en la extremidad, se realizará por medio de una técnica llamada conversión del torniquete, la cual se llevara a cabo sólo si 6 determinados aspectos sobre el estado del entorno y del herido la hacen apropiada. Para determinarlo de forma rápida bajo estrés, el sanitario de combate, el sanitario táctico o el profesional sanitario se formulará 6 preguntas, debiendo tener todas ellas respuesta negativa para proceder a la conversión del torniquete. En caso de no estar indicada, deberá realizarse otra técnica, la re-colocación del torniquete, lo que se conoce coloquialmente como «bajar el torniquete» a 5-7 cm de la herida y directamente sobre la piel, con la excepción de cuando el torniquete ya lleve aplicado más de 6 horas, en cuyo caso deberá permanecer en su lugar original.
La últimas Directrices TCCC de 2026, intentando recoger las particularidades de la guerra de Ucrania, ya permiten que la re-colocación y la conversión del torniquete sea realizada por personal no sanitario dadas las necesidades de este conflicto, aunque en la práctica todo parece indicar que la conversión será realmente llevada a cabo por personal sanitario, de combate o facultativo, o por personal no sanitario bajo dirección y supervisión de los anteriores.
Todos estos complicados aspectos sobre los torniquetes aplicados han de aprenderse, por parte de los perfiles sanitarios y no sanitarios arriba expuestos, de forma teórico-práctica en formaciones de calidad, avaladas por entidades certificadoras expertas en esta materia y con instructores experimentados en casos reales atendiendo bajas de combate y heridos por agresión intencionada. Se debe recordar que lo que está en juego es la vida del herido, por un lado, y las responsabilidades legales del rescatador derivadas de procedimientos mal ejecutados, por otro.
J.T.
Fotografía: https://www.realfirstaid.co.uk/tourniquets