
La guerra en Ucrania está suponiendo un verdadero desafío para aquellos que intentan salvar las vidas de los combatientes heridos, obligando a hacer frente a las cambiantes amenazas del campo de batalla y a tratar a las bajas de combate bajo limitaciones nunca vistas hasta ahora. Parte importante de esas limitaciones viene dada por el largo tiempo transcurrido, desde que se producen los heridos en el frente, hasta que éstos llegan a unas instalaciones médicas para darles el tratamiento médico avanzado que en muchos casos necesitan. Este tiempo es habitualmente de horas, pero puede incluso llegar a días hasta que las bajas de combate llegan a los hospitales de campaña, en muchos casos bajo tierra, como el que se muestra en un artículo del diario británico The Guardian, cuyo enlace se adjunta al final de esta entrada de blog y donde se atienden de 30 a 40 heridos cada día.
El elevado tiempo de evacuación se debe a la amenaza de drones rusos armados con granadas de mortero que dejan caer sobre las tropas ucranianas, lo que también marca de forma significativa el tipo de lesiones que los combatientes sufren. Según el artículo citado, el 90% de las lesiones adquiridas son fruto de las explosiones por drones con vista en primera persona o FPV por sus siglas en inglés, donde el piloto del dron ve mediante gafas con pequeñas pantallas el mismo punto de vista que tiene el propio dron. Al parecer, las heridas por disparos son poco frecuentes actualmente en el campo de batalla, siendo más habituales las amputaciones y las heridas abdominales por explosión.
El Tactical Combat Casualty Care (TCCC) ha sido durante años la mejor herramienta sanitaria disponible para atender a las bajas de combate en las guerras en Afganistán e Irak, donde las estrategias de Contra-Insurgencia (COIN) por parte de las coaliciones se exponían a amenazas diferentes por parte de los grupos armados enemigos, principalmente fuego de fusilería y de ametralladoras ligeras y medias. Consecuentemente, para el conflicto actual de Ucrania, el TCCC está siendo adaptado con el fin de ser útil en esta guerra, pues los prolongados tiempos hasta la atención sobre el terreno que dan los combatientes y hasta la recibida en el hospital de campaña, tiene una gran incidencia en el tratamiento a aplicar.
Pongamos como ejemplo el uso del ácido tranexámico para reducir los sangrados, sobre todo los internos. El TCCC recoge que debe ser administrado sobre el terreno por sanitarios de combate y después, en el medio de evacuación o en el hospital de campaña, por personal sanitario profesional, pero no después de las 3 horas desde que se produjeron las heridas, pues varios estudios señalan que administrarlo tras este tiempo tiene más efectos secundarios que beneficios para el herido. Es por tanto en Ucrania, una herramienta menos con la que salvar vidas, pues aunque en escenarios anteriores ha sido de ayuda, con los tiempos medios de llegada del herido al sanitario de combate o combat medic, estipulado en unas 4 horas, ya no está indicado su uso para reducir los sangrados.
Existen otros muchos ejemplos donde los tiempos tradicionales del TCCC no son posibles en esta guerra contra Rusia, como los tiempos para la conversión del torniquete. Esta técnica consiste en sustiruir el torniquete por otros medios para detener el sangrado, con el fin de evitar las amputaciones causadas por dejar aplicado el torniquete más horas de las establecidas como seguras para el herido.
En resumen, el TCCC sigue siendo, en términos generales, el mejor protocolo conocido para atender a las bajas de combate, pero las técnicas incluidas en sus acrónimos MARCH y PAWS deben ser adaptadas a los prolongados tiempos de evacuación que ahora mismo se están dando en el frente ucraniano, dotando a nuestros aliados de soluciones reales y útiles en las condiciones bajo las que se encuentran combatiendo.
P.G.